Unas citas de Robert Spaemann acerca de cuestiones educativas.

«La educación debe hacer capaz al hombre de librarse de la sensación del momento, capaz de hacer lo que quiera. Debe aprender a conducir su vida, más que a dejarse llevar. Esa es la razón de que Rousseau recomendara “a las madres que, cuando el niño que tienen en brazos tienda la mano a una manzana, no deben buscarle la manzana, sino que deben llevar el niño a la manzana. Así aprende el niño que las cosas no se dejan dar órdenes y que debemos determinarnos a nosotros mismos”. (…) Solamente ante una realidad que nos ofrece resistencia podemos desarrollar nuestras fuerzas. Y las alegrías más profundas de la vida se relacionan con el desarrollo de nuestras fuerzas y capacidades. El educador tiene ante sí la tarea de introducir al niño en la realidad que está frente a él y es independiente de él. La madre es, en general, la primera realidad independiente con la que el niño se encuentra. Se ha cuidado así que la realidad se experimente ante todo como algo amistoso y favorable. La formación de esta primera experiencia — la psicología habla de confianza originaria — es lo más importante que la educación tiene que hacer. Quien puede recurrir al recuerdo de un mundo sano, está más preparado para el contacto con el que está viciado». [El primer párrafo está en «Justicia o yo y los otros», y el segundo en «Educación o el principio del placer y de la realidad», en Ética: Cuestiones fundamentales (Moralische Grundbergriffe, 1982)]

«En todo hombre hay como un germen de conciencia, un órgano del bien y del mal. Quien conoce a los niños sabe que esto se aprecia fácilmente en ellos. Tienen un agudo sentido de la justicia, y se rebelan cuando la ven lesionada. Tienen sentido para el tono auténtico y para el falso, para la bondad y la sinceridad; pero ese órgano se atrofia si no ven los valores encarnados en una persona con autoridad. Entregados demasiado pronto al derecho del más fuerte, pierden el sentido de la pureza, de la delicadeza y de la sinceridad. Para ellos, la palabra es ante todo un medio de transparencia y de verdad. Pero cuando, por miedo a las amenazas, aprenden que hay que mentir para librarse de ellas, o experimentan que sus padres no les dicen la verdad y emplean la mentira en la vida diaria como normal instrumento de progreso, desaparece el brillo de sus conciencias y se deforman: la conciencia pierde finura». [«El individuo o ¿hay que seguir siempre la conciencia?», en Ética: Cuestiones fundamentales (Moralische Grundbergriffe, 1982)]

«Jean Paul preguntaba en una ocasión: “¿Debería educarse a los niños para su época o más bien contra ella?”, para después responder: Siempre hay que prepararles frente a su tiempo, pues el tiempo es tan poderoso que él mismo ya se cuida de que todos vayan en su dirección». Es decir, que si se desea educar a un joven para que sea libre, «entonces hay que educarle contra el tiempo y sus prejuicios». [Sobre Dios y el mundo. Una autobiografía dialogada (Über Gott und die Welt. Eine Autobiographie in Gesprächen, 2012)].

«El modelo paradigmático de toda educación es el aprender a hablar. La lengua moderna no se aprende mediante clases curricularmente organizadas. La lengua que se le enseña al niño tampoco se la inventa uno, sino que es la propia lengua. La lengua materna es la lengua de la madre. A medida que la madre y el resto de personas que tratan con el niño van incorporando a éste a la comunidad hablante, al hablar con él, aprende el niño a hablar. El lenguaje no es en primer término un instrumento para el dominio del mundo y la comunicación. Sucede más bien que el mundo sólo se nos da en la interpretación lingüística. Aprender a hablar es el modelo para cualquier otra educación. Educación es introducción al propio mundo, interpretación del mundo, práctica de distinciones, ya sea la distinción entre un mirlo y un petirrojo, entre un arroyo y un canal, o entre un Mercedes y un Volkswagen. Pero también la distinción entre lo importante y lo banal, entre lo bello y lo feo, entre el bien y el mal. Estas últimas distinciones no se pueden aprender de manera puramente teórica. La distinción entre lo importante y lo banal se adquiere sólo mediante la práctica de actos de preferencia, de postergación y de renuncia. La distinción entre lo “bello” y lo “feo” se adquiere cuando se va más allá del “Esto me gusta” o “Esto no me gusta” y se educa un órgano para la percepción de cualidades objetivas. Pero esto sucede en primer lugar mediante el encontrarse uno con lo bello, relacionarse con ello y aprender a hacer de una manera bella lo que uno hace. Y la distinción entre el bien y el mal se adquiere sólo cuando uno aprende a tomar partido en favor de unos o de otros, y en ocasiones también contra uno mismo. Cuando aprende que el mundo es un campo de batalla entre el bien y el mal y que esta lucha llega al propio corazón». [«Educación para la realidad. Discurso con motivo del aniversario de un hospicio», en Limites, acerca de la dimensión ética del actuar (Grenzen, Zur ethischen Dimension des Handelns, 2001), Madrid: Eiunsa, 2003]

«Normalmente la educación no es una profesión. Dar clase puede ser una profesión, la profesión del profesor, que transmite conocimientos y habilidades muy concretas. Pero, ¿qué conocimientos y habilidades transmite el educador? Vivre c’est le metier que je veux lui apprendre, “Vivir es el oficio que quiero enseñarle”, hace decir Rousseau al educador de su famoso Émile. Pero ¿cómo enseña uno a vivir? Conviviendo y haciendo todo lo posible unos con otros. La educación no es ningún proceso propio de la racionalidad instrumental. No existe una actividad especial que se llame «Educar». La educación es un efecto secundario que sobreviene cuando se hacen muchas otras cosas diferentes». [«Educación para la realidad. Discurso con motivo del aniversario de un hospicio», en Limites, acerca de la dimensión ética del actuar (Grenzen, Zur ethischen Dimension des Handelns, 2001), Madrid: Eiunsa, 2003]

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Escribo sobre libros, y especialmente sobre libros infantiles y juveniles, en www.bienvenidosalafiesta.com y en http://librosparajovenes.aceprensa.com.

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