Dignidad y verdad de las palabras

A los textos de Wayne Booth que ya puse en una nota previa, se podría añadir, pues va en la misma línea, la de que «cuando decimos que la moralidad en el arte descansa en “escribir bien” tácitamente incluimos en nuestra reivindicación el concepto de la realización de un propósito digno. Una frase bien lograda puede servir los propósitos retóricos de un Hitler así como los propósitos literarios de un Zola. (…) La “frase bien lograda” en la ficción deber ser mucho más que “bella”, debe servir a finalidades más amplias», por lo que, para el artista, la obligación moral es «una parte esencial de su obligación estética de “escribir bien”».

Citas de otros escritores que tratan sobre lo mismo son:

Adam Zagazevski: Alexander Wat, «fascinado en sus años mozos por la estética absurda del dadaísmo, y atraído durante un tiempo por el futurismo», sufrió una metamorfosis en las cárceles soviéticas «al comprender que la lengua no puede ser objeto de deformaciones ni de frívolas piruetas estéticas, sino que debe ser respetada y protegida para ayudarnos a expresar la experiencia existencial en los momentos difíciles. (…) Lo que hay que hacer — le dijo a Milosz — no es descubrir el significado de cada palabra sino su dignidad. Esta afirmación es una crítica todavía actual a la frivolidad de la cultura literaria y filosófica — tan viva incluso hoy en día — que se complace en relativizar el concepto de la verdad».

J. M. Coetzee: según Joseph Brodsky «los versos de Robert Frost “No memory of having starred / Atones for later disregard / Or keeps the end from being hard” [“No hay recuerdos de la celebridad / que compensen de la postrera indiferencia / ni eviten la dureza del final”] deberían estar en el torrente sanguíneo de todos los ciudadanos, no sólo porque constituyen un lapidario “memento mori” ni tampoco porque son una muestra de la máxima pureza y fuerza del lenguaje», sino sobre todo por su belleza». Sin embargo, replica Coetzee: «Quizá. Pero (…) ¿qué pasa si reescribimos los versos de Frost de esta manera: “Memories of having starred /Atone for later disregard / And keep the end from being hard”? [“Los recuerdos de la celebridad / compensan de la postrera indiferencia / y evitan la dureza del final”]. Desde un punto de vista puramente métrico, esta segunda versión no sería, al menos para mi oído, inferior a la original de Frost. Sin embargo, el significado sería el opuesto. A juicio de Brodsky, ¿merecerían entrar estos versos en el torrente sanguíneo de la nación? La respuesta es no, porque los versos son falsos desde el punto de vista de lo que cuentan».

John Gardner: «En un escritor, la cordura no pasa de ser esto: por idiota que pueda ser en su vida privada, jamás hará trampas cuando escriba. Jamás olvidará que su público es, al menos en términos ideales, tan noble, tan generoso, tan tolerante como él mismo (e incluso más); jamás pasará por alto que escribe acerca de personas, de modo que convertir a sus personajes en caricaturas, tratarlos como seres por su propia naturaleza inferiores a él mismo, olvidar las razones que tienen para ser quienes son, tratarlos como animales de carga, es lo mismo que ser un pésimo artista. En un escritor, la cordura también tiene que ver con el buen gusto. El auténtico escritor tiene una gran ventaja sobre la mayoría de la gente: conoce la gran tradición de la literatura (…). Sabe de qué se enorgullecen los más grandes nombres de la historia de la literatura, sabe a qué no se plegarían jamás, y este conocimiento ha de informar su propia práctica de la escritura. Se acomoda a la compañía y al trato de quienes más respeta y con quienes más goza: Homero, Virgilio, Dante, Shakespeare y tantos otros. Sus criterios pasan a ser, en gran medida, los suyos. La mezquindad, la vulgaridad, el mal gusto quedan automáticamente fuera de su espectro, y cuando lee la obra de un mal escritor de inmediato percibe sus errores, sus momentos de mal gusto. Se da cuenta de que abundan en asuntos en los que Shakespeare no hubiera perdido ni un minuto, y no porque Shakespeare no se percatara de tales asuntos, sino porque comprendía su trivialidad».

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Escribo sobre libros, y especialmente sobre libros infantiles y juveniles, en www.bienvenidosalafiesta.com y en http://librosparajovenes.aceprensa.com.

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