En tres momentos de mi vida en los que pasé varias semanas de tensión, dos de ellos en hospitales, intenté contrarrestarla leyendo con calma El Señor de los anillos. Fue una decisión que me ayudó. Así que voy a recordar párrafos y escenas que me gustan especialmente.

Primero, dos comentarios de Gandalf.

Uno, cuando Frodo le indica que Gollum merece la muerte y le replica:

«La merece, sin duda. Muchos de los que viven merecen morir y algunos de los que mueren merecen la vida. ¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos».

Otro, esta indicación que hace a Pippin:

«Una mano quemada es el mejor maestro. Luego, cualquier advertencia sobre el fuego llega derecha al corazón».

Después, una escena, cuando la Compañía está a punto de partir desde Rivendel, y Elrond, rey de los Elfos, les da las últimas instrucciones:

« — Cuanto más lejos lleguéis, menos fácil os será retroceder, pero ningún lazo ni juramento os obliga a ir más allá de vuestros propios corazones, y no podéis prever lo que cada uno encontrará en el camino.

—Desleal es aquél que se despide cuando el camino se oscurece — dijo Gimli.

—Quizá — dijo Elrond — pero no jure que caminará en las tinieblas quien no ha visto la caída de la noche.

—Sin embargo, un juramento puede dar fuerzas a un corazón desfalleciente.

—O destruirlo — dijo Elrond — . ¡No miréis demasiado adelante!».

En tercer lugar, el momento en el que Legolas y Gimli llegan a Minas Tirith y, mientras buscan a Pippin y Merry, hablan entre sí de lo que ven alrededor y comentan los trabajos que, decía Elrond, «mueven las ruedas del mundo», esos trabajos que muchas veces quedan en manos de los pequeños que toman el puesto de los grandes, incluso aunque piensen, en palabras de Aragorn, que «el fin se anuncia sombrío». Al ver la ciudad Legolas dice:

«—Grande ha de haber sido la gloria de Gondor en los tiempos de esplendor.

—Y no cabe duda de que la buena mampostería es la más vieja, de la época de las primeras construcciones — dijo Gimli — . Siempre es así con las obras que emprenden los Hombres: una helada en primavera, o una sequía en el verano, y las promesas se frustran.

—Y sin embargo, rara vez dejan de sembrar — dijo Legolas — . Y la semilla yacerá en el polvo y se pudrirá, sólo para germinar nuevamente en los tiempos y lugares más inesperados. Las obras de los Hombres nos sobrevivirán, Gimli.

—Para acabar en meras posibilidades fallidas, supongo — dijo el Enano.

—De esto los Elfos no conocen la respuesta — dijo Legolas».

Más adelante, abundando en la idea de que cada uno ha de cumplir con su misión lo mejor que pueda, Gandalf dirá:

«No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos, y dejando a los que vendrán después una tierra limpia para la labranza. Pero que tengan sol o lluvia, no depende de nosotros».

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Escribo sobre libros, y especialmente sobre libros infantiles y juveniles, en www.bienvenidosalafiesta.com y en http://librosparajovenes.aceprensa.com.

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