Hacer más caso a quienes han atendido con más cuidado

Cambio de título y actualizo, a finales de mayo de 2020, esta nota con citas breves sobre crítica literaria: añado varias más y las reordeno de dos en dos. Se indican los libros de los que proceden y hay más textos sobre la cuestión en estos enlaces: Crítica literaria y Críticos literarios.

Borges: «¿Por qué es tan lindo el poema de Manrique? (Coplas a la muerte de mi padre). No sólo por los versos: por su ética. La ética es importante en todo: también en literatura».

Victor Klemperer: «No confío en las consideraciones puramente estéticas en los ámbitos de la historia de las ideas, de la literatura, del arte, de la lengua. Es preciso partir de posturas humanas básicas; los medios de expresión sensibles pueden ser los mismos, aún siendo los objetivos totalmente opuestos».

Northrop Frye: «La crítica (literaria), como la religión, es uno de esos campos infraacadémicos donde una gran cantidad de personas siguen disfrutando de libertad para dar rienda suelta a sus ansiedades, en lugar de proceder al estudio del tema. Cualquier mención que se haga de este hecho puede provocar la respuesta: “Por supuesto, usted no entiende lo importantes que son nuestras ansiedades”».

Wayne Booth: «Como dice Hume: “Un hombre con fiebre no puede considerar que su paladar es buen criterio para hablar de gustos; y el que tenga ictericia no puede intentar imponer su opinión sobre colores. En toda criatura hay un estado de salud y otro de enfermedad; sólo el primero se puede considerar como criterio de gusto y sentimiento”. Esto significa que tenemos que cultivar también el arriesgado arte de valorar el grado de alerta de otros lectores (como hacemos con otras cualidades). Se trata sencillamente de hacer más caso a los juicios de los que parece que han atendido con más cuidado».

T. S. Eliot: «La “grandeza” de la literatura no puede determinarse tan sólo por criterios literarios, aunque debemos recordar que el hecho de que sea literatura sólo pueden determinarlo esos parámetros».

Ernst Jünger: «Una crítica está bien fundada si empieza por las artes del oficio. Por eso no es pedantería que haya primero una valoración del estilo, y después de la gramática. Si está desafinada una sola cuerda, se transmite necesariamente a la melodía. La sintaxis afecta a la vinculación, tanto de las palabras como de los sonidos; la infracción comporta allí una falta de lógica, aquí una falta de armonía. Eso continúa hasta en las ideas».

Umberto Eco: «La lectura de las obras literarias nos obliga a un ejercicio de fidelidad y de respeto en el marco de la libertad de interpretación. Hay una peligrosa herejía crítica, típica de nuestros días, según la cual podemos hacer lo que queramos de una obra literaria (…). No es verdad. Las obras literarias nos invitan a la libertad de interpretación, porque nos proponen un discurso con muchos niveles de lectura y nos ponen ante las ambigüedades del lenguaje y de la vida. Pero, para poder jugar a ese juego, por el cual cada generación lee las obras literarias de una manera distinta, hay que estar movidos por un profundo respeto hacia lo que, en otras obras, he denominado “la intención del texto”».

W. H. Auden: «No se educa el paladar de nadie diciéndole que lo que está acostumbrado a comer — una col blanda y demasiado hervida, por ejemplo — es decididamente asqueroso, sino persuadiéndolo de que pruebe un plato de verduras bien prepararas. Es verdad que, en el caso de algunas personas, parece más efectivo decirles: “Sólo a la gente vulgar le gusta la col demasiado hervida: la gente fina la prefiere al estilo chino”, pero los resultados suelen ser menos duraderos».

Wolfang Iser: «Resulta enormemente reveladora la gran controversia acerca de Milton entre C. S. Lewis y el crítico F. R. Leavis. El punto decisivo de la confrontación lo ha formulado C. S. Lewis así: “No es que él y yo veamos cosas diferentes cuando miramos al Paraíso Perdido, sino que él ve y no le gusta lo mismo que yo veo y no me gusta”. De aquí se deduce que ambos juzgan como objetivamente existentes las características en que basan su valoración».

Samuel Johnson, en un comentario a una obra teatral: «Me siento inclinado a congratular a un escritor que, desafiando los prejuicios y la moda, ha hecho del arzobispo un hombre bueno y ha desdeñado todo aplauso insensato que un eclesiástico malvado le hubiera granjeado».

Dámaso Alonso: «No olvidemos una verdad de Pero Grullo: que las obras literarias no han sido escritas para comentaristas o críticos (aunque a veces críticos y comentaristas se crean otra cosa). (…) Las obras literarias no nacieron para ser estudiadas y analizadas, sino para ser leídas y directamente intuidas. Ni el Quijote se creó para los cervantistas (aunque haya algún cervantista que piense de otro modo), ni el teatro de Shakespeare para la filología alemana. El árbol está ahí para recrearnos con su sombra o para alimentarnos con su fruto, o simplemente para ser una delicia de los ojos ahora que el viento graciosamente lo cimbrea. ¿Quién pensaría que nació para que desgarremos sus partes, para que las escudriñemos, para que apliquemos a su cerne el microscopio y sometamos las más secretas células a nuestra curiosidad microscópica? ¿Monstruoso, no? Pues este crimen lo intentan, día a día, eruditos dieciochescos a palo seco y filólogos de los que tienen por lema “spiritus occidit”».

Frank Kermode: «No se espera de los críticos, como se espera de los poetas, que nos ayuden a hallar sentido a nuestra vida. Les corresponde tan sólo intentar la hazaña menor de hallar sentido a las formas en que intentamos hallar sentido a nuestra vida».

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Escribo sobre libros, y especialmente sobre libros infantiles y juveniles, en www.bienvenidosalafiesta.com y en http://librosparajovenes.aceprensa.com.

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